Monday, July 24, 2006

La muñeca de Kafka

"Sucedió durante el último año de la vida de Kafka, cuando convivió en Berlín con Dora Diamant, una joven que acababa de abandonar en Polonia a su familia jasídica. Fueron meses felices. Kafka, que siempre había sentido horror ante toda forma de compromiso sentimental, esta vez se entrega sin reservas. Todas las tardes sale a pasear con Dora por un parque cerca de la casa. Un día, tropieza con una chiquita que llora sin consuelo. Kafka le pregunta qué le pasa, y la niña le responde que ha perdido su muñeca. Para consolarla, inventa entonces una historia. Le dice que la muñeca se ha ido de viaje. “¿Cómo lo sabes?”, pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. “¿La tienes ahí?”, quiere saber. “No, lo siento”, responde Kafka. “La he dejado en casa, pero mañana voy a traerla conmigo.”

Esa misma tarde, Kafka se pone a escribir la carta de la muñeca. Pone en la tarea tanta seriedad y dedicación como en su propia obra. Quiere sustituir el objeto perdido por una realidad que, de acuerdo con las leyes de la ficción, sea tan persuasiva como verdadera. Al día siguiente, le lee a la chiquilla la carta ficticia, en voz alta. La muñeca lo lamenta, pero se ha cansado de vivir con la misma gente todo el tiempo. Quiere a la niña, pero necesita –le dice– un cambio de ambiente, ver el mundo, tener amigos nuevos. Después de esa primera entrega, Kafka asume el compromiso de escribir las cartas imaginarias durante tres semanas, hasta que encuentra un final apropiado: la muñeca va a casarse, se despide, es feliz. La historia es conmovedora. Uno de los escritores más grandes de todos los tiempos emplea su precioso tiempo –parte del poco que aún le queda– en consolar a una niña a la que ha encontrado por azar en un parque de Berlín."

Tomás Eloy Martínez
Highland Park, New Jersey, mayo de 2006

(Tomado del diario LA NACION donde T.E.M publica sábado por medio.)

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